Sistema eléctrico español: el reto de gestionar el desequilibrio

El sistema eléctrico de España opera al límite desde el apagón de abril de 2025, con desequilibrios que complican cada vez más la gestión de la red. El país acumula cerca de 155.000 MW de potencia instalada, una sobreabundancia que contrasta con la dificultad real de mantener el equilibrio entre generación y consumo.
26.000 MW de ciclos combinados que operan al 10%
El origen del desajuste se remonta a principios de los años 2000. Las previsiones apuntaban a un crecimiento de la demanda que nunca llegó, pero sobre esas proyecciones se construyeron 26.000 MW de ciclos combinados de gas. Muchas de esas plantas funcionan hoy a apenas el 10% de su capacidad.
Con las renovables ocurrió lo contrario. Las previsiones oficiales estimaban unos 400 MW de nueva potencia verde, pero el resultado superó los 4.000 MW, financiados en gran parte con primas que se cargaban directamente en la factura eléctrica de los consumidores.
De la red de referencia mundial a la Operación Reforzada
España llegó a tener una de las mejores redes eléctricas del mundo. En 1983, el Gobierno y el sector eléctrico crearon Red Eléctrica de España, el primer operador público del mundo dedicado en exclusiva a gestionar el sistema eléctrico nacional a través de la red de alta tensión.
Aquella infraestructura se asentó sobre centrales hidroeléctricas, de carbón y nucleares, además de la regasificadora de Barcelona, que recibió GNL desde 1969. En los años 80 y 90 se desplegó una densa red de gasoductos y conexiones internacionales como el gasoducto Magreb-Europa en 1996, que convirtió a España en el país europeo con más plantas de regasificación.
El exceso de potencia instalada infrautiliza la red
El problema actual tiene un nombre técnico: sobre capacidad. España tiene mucha más potencia instalada de la que realmente consume. El mix ha pasado de fuentes firmes (carbón, nuclear e hidro) a fuentes intermitentes (solar y eólica), que necesitan el respaldo de los ciclos combinados.
Te puede interesar
Baterías: nueva vía para financiar la fotovoltaica en España
Ese cambio genera un efecto perverso: la red de transporte se infrautiliza mientras el operador del sistema debe gestionar rampas y ajustes constantes. Desde el apagón de abril de 2025, operar la red se ha convertido, en palabras del análisis original, en una auténtica aventura.
Lo que cambia para los operadores y el consumidor
Las medidas aplicadas hasta ahora no han resuelto el fondo del problema. Ni la Operación Reforzada, ni las rampas de ajuste, ni el denominado 7.4 han conseguido eliminar los desequilibrios que complican la gestión diaria del sistema.
Para los operadores de red, esto significa trabajar con márgenes de seguridad cada vez más estrechos. Para el consumidor, el riesgo se traduce en un sistema más caro de sostener y más expuesto a incidencias.
Claves para el sector: señales a vigilar en el sistema eléctrico español
- Desequilibrios persistentes: seguir la evolución de los ajustes que Red Eléctrica aplica para mantener la estabilidad, especialmente en horas de alta penetración renovable.
- Uso de ciclos combinados: el porcentaje real de utilización de esos 26.000 MW instalados es un indicador clave de la eficiencia del sistema.
- Medidas regulatorias: cualquier nueva herramienta de gestión que sustituya o complemente a la Operación Reforzada y al 7.4 marcará la dirección del sistema.
- Infrautilización de la red: si la sobre capacidad se mantiene, la presión sobre los peajes y cargos que soporta el consumidor seguirá siendo un debate abierto.
Información publicada originalmente por El Periódico de la Energía.
Imagen: Pexels